jueves, 30 de septiembre de 2010

Esta semana con:

MIKA - Relax, Take It Easy

martes, 28 de septiembre de 2010

Sway

Version subtitulada (cortesia de mi socio Tabox)
video

lunes, 27 de septiembre de 2010

El significado de la vida se resume a lograr que nuestra muerte no se vea tan estupida.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Felicidad (?)

Como no podemos ser felices,
jugamos con la muerte trepados de peñascos,
comiendo hierbas venenosas.

Como no tememos a la muerte,
la vida no se digna a mirarnos,
no somos de esta tierra,
como no podemos ser felices, no hay caramelos
para nosotros ni gorritas de colores
ni autitos de juguete.

Como no podemos ser felices nos tienta la miseria,
con regalos preciosos nos lleva de una piedra a otra,
resonando dolor azotando los metales,
siendo una triste melodía.

Y no podemos morir asi que nos lanzamos a amar…
pero nos electrocuta la cordura y
nos envuelve la compasión,
quedamos mutilados de por vida,
como no podemos morir nos arrastramos hacia los puentes, .
pobres gentes que nos sufren, cayendoles desde tanta altura

Como no podemos ser felices,
los labios se nos han agrietado de tanto decir belleza,
gritamos y no nos oyen,
golpeamos espuma.

Como no podemos ser felices talvez estemos muertos,
esperando el tren que nos lleve al olvido.

Como no podemos vivir, legítimamente,
decimos mentiras como, amor, justicia, y
lo decimos despacio despacio en hojas y muros,

Como no podemos sentir,
las nubes nos miran como extraños porque su lluvia
nos ha empapado, pero permanecemos secos..
que demonios hacemos entre la materia sino podemos sentirnos.

Somos palabras apenas, y no podemos ser más,
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Como no queremos ser felices nos basta ser poesía,
solo eso queda, ya que no estamos vivos pintaremos nuestro cuerpo de colores,
ya que no seremos bellos,
exhibiremos desnudos los huesos.

Seremos como los pájaros muertos atados a las cuerdas revolviéndose en el aire.
-me niego que creer que esto sea poesía-, pero es lo que tenemos

Ya que no podemos ser felices,
venderemos helados de melancolía, retazos de amor.

Todas mentiras.
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Como no podemos ser felices…

Seremos los ríos que llevan las rocas de un lugar a otro.
Moviendo la tierra
Los niños nadaran en nosotros
Los suicidas amaran nuestras aguas
con su último suspiro.

Seremos letras revolviéndose
en la boca de un demente.
Seremos el sueño de alguien

Seremos la tierra, no estaremos en ella, seremos algo azul.

No, no podemos ser felices.

martes, 21 de septiembre de 2010

Esta semana con:

1979- Smashing Pumkins

los 90`s la epoca que se nos fue... de las manos.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Una mujer puede saber que todo es un asco y que la existencia no tiene sentido, pero eso no le impide seguir viviendo.

Miserias

Es mediodía, ausente de vida, solo, mas no extraño a nadie, a nadie.

Miento, porque a veces me extraño a mi mismo, me canso de mi silencio, me busco y eventualmente me encuentro, en las calles alteradas, en las avenidas desiertas, de esta ciudad fragmentaria.

Me encuentro como hace 3 o 10 años , mirando un paisaje hermoso, me encuentro y me pregunto en que piensas? -pienso en estrellas muertas- que ahora son arena de mar.

Sigo andando y me encuentro cubierto de sal, que nace de mi boca, soy yo hace 5 años.. Huyo hasta quedarme nuevamente solo, en un páramo mientras las cenizas cubren todo, gris hasta donde puedo ver

Soy yo cubriendo el sol, incendiándome en otro lugar y solo me llegan despojos de mi,
Estoy allá lejos entre los árboles quemados, nevándome negrura.

No extraño a nadie, tengo las hojas en la mano, los mapas donde puedo hallarme, encontrarme feliz, allí voy pero me hallo muerto, hace tanto. Y aun muerto parezco feliz y me devoro queriendo recomponerme en este mi cuerpo reciente, ceniza y ceniza dulce y agria. Después no quedara nada, ni mis huesos.

Devoro todo lo que me sabe a dicha. Recortando mi cuerpo, se mueren mis niños, mis adolescentes, vienen mis viejos, nos comimos todo lo bello de este lugar.

Las horas del día se acortan y las luces artificiales pueblan las casas, no hay nadie en ellas, solo globos encendidos; podría entrar a cualquiera y asentarme, dormir en ellas, y comer algo, pero no es mi lugar, al permanecer un tiempo se agrietan y encogen, me devoran, seguramente soy yo quien les muerde primero.

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No extraño a nadie. mi vida es una rueda, ciudad esfera, expandiéndose como el universo, auto consumiéndose como el sol, mas grande, mas amplia, mas día y mas noche, salpicando petróleo hacia el cosmos, a la nada, no hay física alterna, inercia dominante,

No hay nadie mas aquí, aunque abrace una idea, y la lleve de paseo a la playa, a las plazas luego a las desordenadas calles, suburbios, llega la noche y nos separamos cada uno a su lugar, el camino de regreso es siempre de a uno.

Volvemos siempre en autobús y la idea se queda, las personas se quedan, no podemos llevarlas, Con seguridad morirían, somos muchos aquí y hay poco alimento.

Y aunque quisiera y me esforzara por retenerme en un lugar, quedarme o llevarme el día conmigo, ocultar el fuego bajo las mantas; todo se va y soy nuevamente agua revolviéndome en la arena, al placer de mis tardes, no, no es tristeza ya, es simple naturaleza, aquí somos muchas soledades agremiadas, haciéndonos compañía.

Aunque me libere de mí y salga de viaje, siempre volveré; con las maletas vacías, los bolsillos llenos de arena, las fotografías veladas, las compañías ahogadas.

Y si me rindo y me dejo llevar por las olas, en la placidez del océano, me despierto y me hundo profundo, profundo es decir caigo, en la conciencia; es un fastidio tenerme.

Soy los puentes de mis suicidas, soy mis muertos, soy mi hambre, mi infierno, soy Shiva el dios de mis muertes, soy el jodido niño interior de mis ancianos.
Soy las cárceles de mis dolores, la música de mis sombras, no me engaño, soy mis días felices, soy también mi lluvia, mi dios y mi angustia.

Y no puedo salir de mi, poblarme en otro lugar, en verdad no quiero dejarme solo si me voy, pero necesito huir, mas si huyera en todas direcciones a donde iría?


Como quisiera evadirme, ausentarme de mi angustia, morirme de mi pena, caerme de mi cama y despertarme en otra persona.

Ser una persona buena, aunque pueda dormir y fingirme feliz, despertaré al otro lado de mi isla y me moriré de angustia. Y aunque me muera mil veces seguiré naciendo una y otra vez, reproduciéndome, en este pequeño lugar.

Sobrepoblándome, oprimiéndome, odiándome, cohabitándome, haciéndome guerras, matándome de hambre, liberándome, esclavizándome, amando, mintiéndome, desde hace años vivo preso de mis mismo. Sufriéndome.

Agónicas, cenizas, calles, curvas, de piedra volcánica.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Me encanta..

El intro de la Pelicula GhostWorld con Thora, podrias matar a mi padre?,Birch, Scarlett, diosa, Johansson y Steve, forever looser, Buscemi

Suck PlayBoy

La tensión generada entre el busto, corazón latiente ,de Larissa riquelme contra su top paraguayo. No podrá jamas reproducirse en la portada de una revista, por mas 3D que sea.

es simple..

Una es historia, la otra vulgar nudismo, nadismo, sin ropas, sin piel oprimida, aqui, no hay banda, todo es una grabación.

No hay sorpresa en la ultima pagina de los diarios deportivos, a las 8 de la mañana..
ni mirones, ni prensa extranjera, ni inocencia en los noticieros de las 12.

Una es latencia, fuerza de la naturaleza, diques de tela a punto de un desborde, futbol en su maxima expresion, interior y exterior de esferidad contenida, un grito de gol contenido.

La otra apenas una res mas en la granja de Hugh, que triste Larissa,
promocionado celulares, Larissa inaugurando centros comerciales. Larissa desnudando sus tatuajes.

¡abajo la penetración cultural yanky!

martes, 14 de septiembre de 2010

Entropía y praxis 02

Regina Spektor - On The Radio



Es extraño pensar que talvez un día llegue a odiar esta canción; pero hoy me encanta, (como todo lo relacionado a ella). antes que la entropía me consuma, me cubriré de musica y no he mas a morir, no he mas..

martes, 7 de septiembre de 2010

Estos dias con:

Bat For Lashes - Whats a Girl To Do



Me recuerda a Donnie Darko, buena manera de empezar el semestre.

No se culpe a nadie de mi sueño

Luis Hernández se convirtió, años después de morir, en un fenómeno de la poesía peruana. A continuación, una crónica acerca de su vida y de su muerte.

Hoy se cumplen treinta años del suicidio del poeta peruano Luis Hernández Camarero (1941-1977), un escritor del que nunca nos enseñaron nada en el colegio, pero del que ahora, de repente, todos hablan. Se lo disputan cual si se tratase de un trofeo. Todos lo conocieron, todos fueron sus amigos, todos juran tener en casa un cuaderno suyo, todos poseen la historia verídica de lo que pasó con su vida y con su muerte. Pero Lucho, como siempre, les pertenece -hoy más que nunca- a los jóvenes, a ese creciente ejército de nuevos lectores que -con toda justicia- lo veneran. A esa esperanza de la patria en una patria sin esperanzas. A los jóvenes y a nadie más.

Nervio del Serrato. Nervio del Deltoides. Nervio del Angular. Yo soy quien sospecha, solitario en las noches, que alguien lo ama. Serrato. Deltoides. Angular. Son los nervios de la espalda. A Lucho Hernández le dolía muchísimo la espalda. Y, como era médico, no había necesitado de nadie para acertar con el diagnóstico preciso: cáncer. Un feroz, invencible cangrejo prendido de su columna vertebral. Soy Billy The Kid, ladrón de bancos -decía- y, como voy herido por la espalda, sé dónde voy. Luis era médico porque había jurado no tolerar jamás ante sí el sufrimiento. Y poeta exactamente por el mismo motivo. Con plumones Faber Castell (estuche de 20) escribía, en cuadernos Minerva de espiral, poemas simples y perfectos. Para no publicar. Para dejar regados por cualquier parte. Para hacer hora. Para no sufrir.

Pero sufría. Ese dolor brutal en la espalda lo estaba matando. Y para calmarlo se automedicaba: 25 ampolletas de Sosegón, un poderoso sedante. 25 al día por vía intravenosa. Dosis desmesurada, como su dolor. Nadie hubiera sido capaz de resistirla. Pero él lo hacía. Y para tratar de pensar en otra cosa se ponía a hacer 60 planchas con palmada. Excelentes para los bíceps y los pectorales. 60 planchas voladoras sobre las heladas losetas. Y, mientras tanto, no muy lejos de allí, en la sobria elegancia de su consultorio, el destacado psicoanalista Max Hernández atendía a una de sus habituales pacientes: Betty Adler, 32 años, una mujer guapísima y divorciada que, de repente, lo estaba sorprendiendo con la siguiente pregunta:

- Dime, Max, ¿Luis Hernández es algo tuyo?

Claro que lo era. Era su hermano menor, el dolor de cabeza de sus padres, la oveja negra de la familia. Se quedó atónito. ¿Dónde había oído Betty hablar de él? Había encontrado unos poemas suyos publicados en el periódico: Habiendo robado lluvia de tu jardín/ y tocado tu cuerpo/ me duermo/ No se culpe a nadie de mi sueño. La paciente Adler estaba completamente deslumbrada. Tenía que conocerlo.

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La puerta blanca de la habitación número tal del piso tal de la afamada clínica San Borja se abrió y Lucho Hernández, 35 años, apareció con sus enormes patillas de Lord Byron, sudoroso, con el blanco saco del pijama abierto mostrando, con inocultable vanidad, el orgulloso producto de las planchas voladoras. Era el verano de 1976 y, una vez más, la paciente Adler, completamente deslumbrada estaba.

- Hola... -dijo él, preparando su sonrisa.

- Hola -dijo ella. Soy Betty. Tu hermano Max me pidió que te trajera este libro.

Se computaron en el acto. Ahora ella no logra acordarse del título de aquel libro de poesía portuguesa que tan bien le sirviera como pretexto aquella vez. De lo que sí se acuerda, como si fuera ayer, es de que Lucho había sido llevado allí para un tratamiento de cura de sueño. Porque todo el mundo quería curarlo, pero nadie sabía muy bien de qué. Esa tarde se quedaron muriéndose de la risa sin parar hasta que terminó la hora de visita. Era como si ambos hubieran encontrado, en otro rostro, en otro cuerpo, al mismo ser al que habían venido amando desde hacía muchas vidas atrás. No soñaban, las cosas soñaban a su paso. Lo mejor que me sucedió fue haberte conocido -escribiría Lucho en ese entonces-, conocerte fue lo único que me sucedió.

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Malagua de fresa. Malagua de cherri. Malagua de limón. Una vez en la playa, Gran Jefe Un Lado del Cielo, es decir, Mowgli, es decir, Shelley Álvarez, es decir, el Inspector, es decir, el Capitán Dexter, es decir, Luis Hernández se aplicaba una andanada de helados Glacial, gaseosas multicolores, pan con pollo, hartos mixtos y no pocos bates. Luego de lo cual ingresaba bandereándose con su caminada de macetita de barrio al mar furibundo a correr 'estonazo' centenares de olas sin tabla, estilo pechito. Y a nadar estilo kroll hasta lontananza, ida y vuelta, sin parar. Acto seguido, cubierto por la blanca suavidad de una toalla blanca, escarchado de arena brillante, dedicábase a la contemplación, a los acordes de Balakireff o de Rimsky Korsakoff o de cualquier otro ruso que hubiere a la mano.

Azul y blanco, colores primarios. Agua y cielo. Como una exhalación, un muchacho vestido de agua y cielo viene corriendo por entre los amarillos heladeros del malecón. Es Apolo. En una palabra, eres Apolo y eso nadie te lo quita. Gran Jefe Un Lado del Cielo computa a una velocidad de 700 verstas por segundo. Se pinta las guerreras líneas con helado Buen Humor. Allí viene. "Es lo bueno de hacer 60 planchas al día" -dice para sus adentros. Betty regresa de comprar cigarros y él le relata, entusiasta, lo acontecido:

"Betty, Betty, acabo de ver un marinerito... ¿qué dices?, ¿me voy con él?". Betty se ríe: "No, Lucho, quédate conmigo". "Ya, bueno, me quedo contigo". Soy un hombre herido por la espalda. Y voy hacia tu cercano corazón. Delta down, delta down. What's that flower you have on?

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Cuatro meses después de haber conocido a Betty, Luis se curó. Los dolores de espalda desaparecieron como por encanto. Ella lo había estado inyectando puntualmente, todas las veces que él, como médico, así lo indicaba. Pero le había jugado una trampita. En lugar del Sosegón, le inyectaba un placebo, es decir, un engaña-muchachos: agua destilada. Cantidades industriales de agua destilada. «¡Ahhh...!, ¡qué bien me siento!» -exclamaba él, vuelto a la vida. Ella siempre lo supo. Lo supo desde la primera vez que lo vio. Luis no estaba enfermo. No tenía ningún cáncer. Lo que sentía en la espalda no era un dolor físico. Era un dolor de espíritu que ningún analgésico le iba a aliviar. Lo insufrible era el egoísmo. Y su hijito, el dolor. Porque todos querían que Lucho fuera igual que todos. Porque todo el mundo quería curarlo y nadie sabía muy bien de qué. Cuando se enteró de que lo habían hecho cholito, montó en cólera. "Fue la única vez que nos peleamos" -recuerda Betty. Pero pronto comprendió que todo había sido en nombre de un sueño: la coherencia. La soñada coherencia. Solo la emoción perdura. Solo la armonía quiebra. Fueron días suaves y dulces como algodón de feria. Fueron los días en que el tiempo fue más fácil.

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No he conocido jamás un adicto a la marihuana. Porque no existe la adicción a la marihuana. Pero sí clínicas donde se trata la adicción a la marihuana. Ante notorio desconcierto de enfermeras, una densa columna de humo apache se elevaba hacia el cielo desde cualquier cuarto de cualquier clínica donde Lucho recibía la visita puntual de sus patitas de la calle 6 de agosto, Jesús María. No hay nada qué hacer, estimado coleguita -le dijo un connotado médico a otro médico connotado. Y otro médico connotado contestó que había una excelente clínica en Argentina que estaba en toda moda entre los analistas. Que habían impuesto la técnica del psicoanálisis con internamiento y que era una buena idea experimentar. Experimentar. Luis Hernández se había paseado por los consultorios de media docena de psiquiatras y psicoanalistas. Pero era demasiado brillante y todas las terapias se estrellaban con su endemoniada inteligencia. Decidieron entonces enviarlo a la clínica García Badaraco, en Buenos Aires. El psicoanálisis estaba a punto de experimentar el más atroz de sus fracasos.

Hoy el agüita salada no es de la mar/es de tanto sufrir/es de tanto llorar -escribió Betty, el 9 de marzo de 1977, el día en que, contra todas sus lágrimas, Lucho partió a Buenos Aires a internarse en la condenada clínica. La nostalgia pronto empezó a hacer estragos en sus corazones. Y Betty, con los labios ámbar de la pena, organizó un remate con parrillada bailable y lo vendió todo para embarcarse hacia el sur el mes de julio, apenas tres meses después de haberse despedido. En Buenos Aires, resucita la alegría. Largos paseos por el bosque de Palermo, cafés con crema en los cafetines del barrio de San Telmo, caminatas por la calle Florida, confundidos en medio de aquel exceso de belleza. Pero, a fines de agosto, agotada la plata, Betty no tuvo más remedio que volver.

Pero contigo vi los árboles, casas, bodegas y la pista, como tras una lluviecita. Yo te amo. Chau, pues.

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El 4 de octubre de 1977, entre las pertenencias de Luis Hernández halladas por la policía argentina en la habitación que ocupara en la Clínica García Badaraco, se encontró una carta que, con letra inconfundible, dice:

Adiós, Betty. Me hubiera gustado tanto que fueras feliz. Pero mi felicidad está fuera de toda esperanza. Hoy me voy a matar. Perdóname. Luis.

Antes de lanzarse a las vías del tren en la estación de Santos Lugares a los 36 años, Lucho Hernández, el mismo médico que persuadía a sus pacientes terminales de que valía la pena seguir, el mismo músico ensoñado que podía navegar noches íntegras a bordo de un gran piano, el mismo niño irrepetiblemente tierno, lúcido, sencillo y solitario le pedía al amor, al único amor, mil disculpas por lo abrupto de su ausencia. Dicen que soy un soñador que sueña/ y otros dicen de mí/ Adiós/ me voy a otro lugar/ Y si la tristeza me alcanza/ Y si la tristeza me alcanza/ me cubriré con el agua de la mar/ Y no he más de morir/ Y no he más.
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Solo para entendidos
De visión obligatoria.
Algunos filmes extraídos del ranking de obras de arte del poeta. El manuscrito -hoy en poder de la Católica- incluye clásicos como La Naranja Mecánica, Me llaman Trinity y. la Biblia.
Tod in Venedig
Es el título en alemán de Muerte en Venecia (1970), película de Luchino Visconti basada en la novela de Thomas Mann. Para el papel de Tadzio, el enigmático niño que obsesiona al personaje de Gustav Von Aschenbach, (interpretado por Dirk Bogarde), Visconti eligió primero a Miguel Bosé, que entonces tenía 13 años, pero su padre, el torero Dominguín, le prohibió participar. Curiosamente, la banda sonora del filme incluye la tercera sinfonía de Gustav Mahler, mencionada con el puesto 45 en este ranking personal.

Flowers for Algernon
Novela de ciencia ficción (1959) del norteamericano Daniel Keyes. Cuenta la historia de Charly Gordon, un retrasado mental que se somete a un experimento científico que primero lo vuelve 'normal' y, luego, lo eleva hasta el nivel de genio para devolverlo después, trágicamente, a su condición inicial. En el libro, Charly logra adquirir una inmensa erudición, escribe conciertos de piano, lee vorazmente y domina cerca de veinte idiomas. Algernon es el nombre del ratón de laboratorio al que Charly voluntariamente 'reemplazó', y el título alude al último deseo del personaje: que lleven flores al lugar del jardín donde había enterrado al roedor. Basada en este libro, la película Charly (1968) le valió el Oscar a Cliff Robertson como mejor actor. Bautizando uno de sus poemarios aurorales como Charlie Melnick, Hernández podría haber honrado, al mismo tiempo, al inadaptado personaje y a Maurice Maeterlinck, poeta simbolista y dramaturgo belga, autor de El pájaro azul y Premio Nobel de Literatura en 1911. Melnick es, evidentemente, un anagrama de Maeterlinck quien, además, es citado en el epígrafe de la obra.

Satyricón de Fellini
En 1969, el cineasta fetiche estrenó esta libérrima y barroca versión del Satiricón de Petronio en la que Encolpio y Ascilto se disputan el amor de Gitón, un esclavo adolescente en la antigua Roma. Tachada de repulsiva y depravada, la película desató una enorme controversia en su tiempo. Muchos abandonaron las salas, escandalizados por sus imágenes. Hernández, en cambio, la vio muchas veces.

El año pasado en Marienbad
Mítica cinta del director francés Alain Resnais (1961) cuya revolucionaria y desconcertante estructura emplea fantásticas digresiones de tiempo y espacio para narrar -mediante sucesivos flashbacks- la historia de un extraño, X, que intenta convencer a una mujer casada, A, de que deje a su esposo, M, y se fugue con él. X le reclama que cumpla la promesa que le hizo el año anterior, pero ella asegura no recordarla. Es el puesto número uno en el erudito ranking hernandiano.

(Tomado de Perú.21: http://peru21.com.pe/comunidad/Columnistas/html/OrtizIndex.html)

Escribir es de cobardes, amar es un verbo analfabeto

lunes, 6 de septiembre de 2010

Entropía y Praxis


Imagenes desde el lugar del siniestro, seguiremos informando...
-Ojalá tuviera muchas vidas para que calmes tu aburrimiento, destruyendolas una a una-

-

jueves, 2 de septiembre de 2010

miércoles, 1 de septiembre de 2010

morir(nos)

Un día, sin mas decidimos morirnos, así es, siendo tan jóvenes.
Mientras nuestros huesos aun no están en venta, es momento de irnos.

Mientras la lluvia caía, con el agua penetrando en la tierra hasta las semillas que duermen en ella y brotando en verde. Decidimos morirnos en primavera para atenuar tanta belleza.

Andando por las aceras morimos, olvidados, olvidándonos, olvidándome de mi mismo y de ti, nos morimos en las plazas, en las escuelas, en las casas donde mal nacimos,
Nos morimos de pie y echados en la hierba., con lagrimas de los deudos y de nosotros mismos viendo partir nuestras almas, dejándonos otra vez tan solos..

Adiós árboles, adiós personas, adiós lluvia.. Casi con melancolía nuestra muerte se viste de belleza, como si estando vivos hubiéramos sido tan hermosos.

Nos morimos por voluntad propia, volvemos al vacío, a la no memoria. Nos morimos para no sentir nada, porque ya no sentimos en realidad, y tememos que lo noten.

Decidimos morirnos al unísono por que odiamos la vida al unísono, odiamos la pesadez de nuestros cuerpos, la lentitud de esta caída libre que nos hace viejos en pleno vuelo.

Dejamos atrás una vida corta de la que conozco la mitad y es dulce, nos iremos antes que se torne fea. Nos morimos por desesperación, por miedo, es asi, tengo miedo de caerme asesinado, por eso, me ahogo, me lanzo al vacío, me auto-elimino porque al menos conozco a mi verdugo.

La muerte me duele, me duele verla y reconocerla tan mía, mi horca mis pasos hacia ella, nuestros pasos en rutas diferentes a cada hoguera, acantilados, ciudades.

Nos morimos de frente pero con los ojos vendados, valientemente huyendo de las fauces de la vida, de la floresta de los campos; nos morimos de claustrofobia, de pánico.

Fallecemos y silenciamos las luces, cerramos el dialogo, apagamos los ruidos, envenenamos los niños, cubrimos las huellas. Sin culpa alguna, una muerte concertada, nos morimos impunemente.

…y una vez muertos talvez no nos hallemos, porque ninguno muere del todo. Alguien vive y uno duele al otro.

El acto es sucio pero, el fin es quieto, sereno; algún día olvidaremos nuestra propia muerte